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《阴律无情》

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¡Agradezco el amparo del poder del Buda! ¡Son tantas las cosas que tengo que agradecer!

¡Gracias al Buda! ¡Gracias por las escrituras del supremo gran Dharma que el Buda nos dejó!

A mí, Ayu, me gustan mucho los sutras budistas; me gusta especialmente estudiar directamente las escrituras originales. Es como asistir en persona a una asamblea del Dharma, como si estuviera en el Pico del Buitre, en la India de hace 2500 años, y escuchara al propio Buda exponer, con la sublime y maravillosa voz del Dharma, las enseñanzas del despertar. Esa sensación no puede describirse con palabras sencillas. Lo mejor es que todos estudien con frecuencia las escrituras originales. En ellas pueden encontrarse, una a una, respuestas a muchísimas cuestiones profundas y sutiles sobre la vida.

En todas las escrituras, el Buda nos enseña cómo conducirnos bien. Explica con gran claridad cada detalle: observar los preceptos como causa del despertar, cultivar las seis perfecciones y las innumerables prácticas,23 practicar con diligencia y perseverar hasta alcanzar el despertar insuperable, perfecto y completo. Al principio, quizá algunos compañeros de práctica no entiendan el significado de las escrituras. En realidad, no importa: si perseveran en estudiarlas cada día, sin duda comenzarán a comprenderlas poco a poco. Lo más importante es perseverar a diario. Cuando yo, Ayu, comencé a estudiarlas, cada lectura me parecía extraordinariamente sublime, pero inmediatamente después lo olvidaba todo por completo. Solo me quedaba en la mente la impresión de que eran sumamente sublimes; en cuanto a su contenido, no podía explicar de qué trataban. ¡Qué pesados eran mis obstáculos kármicos! Pero, como me gustaban las escrituras, tenía que recitarlas todos los días aunque las olvidara. Después de varios años así, descubrí que empezaba a recordar algunas cosas, o que en distintos momentos y lugares comprendía espontáneamente algunos principios. Por eso la perseverancia es muy importante. Debemos aprovechar que todavía tenemos un cuerpo humano sano para estudiar más las escrituras. Ese es mi deseo para todos. La vida es impermanente: si no llega la siguiente respiración, ya estamos en la próxima vida. Si de verdad queremos corresponder a la bondad del Buda, solo practicando con seriedad y observando los preceptos seremos verdaderos discípulos suyos. ¡Esforcémonos todos juntos por avanzar con diligencia y observar los preceptos!

¡Parto sobre el loto blanco! ¡Amitābha! ¡Yo, Ayu, junto las palmas ante el magistrado del inframundo!

Hoy el magistrado del inframundo me llevó a visitar un Infierno de los Engranajes, los Lobos y las Serpientes. Los seres que vienen a recibir castigo aquí son hombres a quienes en vida les gustaba mantener relaciones sexuales con dos mujeres al mismo tiempo, o mujeres que mantenían relaciones sexuales con dos hombres al mismo tiempo. Llegamos, ¡y de nuevo se oían gritos desgarradores!

Vi a un hombre desnudo que parecía estar atado a una rueda giratoria. A ambos lados de la rueda había dos serpientes de cuerpo blando, casi pegadas a él: una era roja y la otra de un tono azul verdoso oscuro. Una de ellas lo envolvía con fuerza sin soltarlo y le mordía la cabeza, la cara y las orejas, arrancándole trozos de carne; el suelo estaba cubierto de sangre. La otra le mordía la parte inferior del cuerpo. El hombre parecía sufrir un dolor extremo y aullaba de agonía.

Después miré a la mujer que estaba al lado. También estaba desnuda y atada a una rueda giratoria. A ambos lados de la rueda había dos lobos salvajes de hierro, extremadamente feroces, que la desgarraban a mordiscos sin cesar. Uno le mordía el pecho y el otro la parte inferior del cuerpo. La mujer pedía auxilio a gritos, pero nadie le hacía caso. En fin, la escena era sumamente sangrienta. Ni aquel hombre ni aquella mujer eran muy mayores: ¡con apenas treinta y tantos años ya habían descendido al infierno para recibir su retribución! ¡Qué desdicha!

El magistrado del inframundo me dijo con semblante severo: «Estos seres no solo dañan su propia naturaleza espiritual, sino que también corrompen gravemente las costumbres sociales. Por eso el inframundo debe castigarlos con rigor. Tienen que recibir castigo aquí durante 500 años y después serán enviados a otros infiernos para ser juzgados. En la actualidad hay cada vez más seres de esta clase, y este infierno ha vuelto a ampliarse recientemente. En adelante tendrás que venir a visitarlo más a menudo. Además de este infierno de la conducta sexual indebida, también debes visitar y registrar la situación real de otros infiernos, para que el libro pueda imprimirse cuanto antes y beneficiar a los seres del mundo de los vivos. Así podrán dejar de hacer el mal y arrepentirse lo antes posible, practicar el bien y acumular bendiciones, reducir sus posibilidades de entrar en el infierno y disminuir las catástrofes del mundo de los vivos».

¡De acuerdo, magistrado del inframundo! ¡Yo, Ayu, obedeceré! Sin duda haré todo cuanto esté a mi alcance.

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