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《阴律无情》

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»Los vínculos entre hijos y padres son de dos tipos: cobrar deudas y saldarlas. Si el niño viene a saldar una deuda y, al ser asesinado, siente resentimiento, el vínculo se vuelve negativo. Si ya venía a cobrar una deuda, la situación resulta aún más complicada: al vínculo negativo se suma el odio, y con ello se profundizan las causas y condiciones de la deuda.

»Hay tres situaciones de aborto. La primera es aquella en que los padres no lo provocan intencionadamente, sino que el niño no cuenta con suficientes bendiciones kármicas. Por diversas causas, como la muerte fetal en el útero, una mola hidatidiforme o una enfermedad de la embarazada, el bebé no puede nacer. En estos casos, los adultos deben arrepentirse, recitar sutras para ayudarlo a trascender su estado y dedicarle los méritos, para que pronto pueda librarse del sufrimiento y alcanzar la felicidad.

»La segunda es abortar por dificultades económicas. Las leyes del inframundo no lo permiten: no se puede matar por problemas económicos. La manera de afrontar las situaciones es muy importante. Por muchas penurias que se pasen en el mundo de los vivos, será diez millones de veces mejor que descender al infierno a sufrir la retribución después de abortar. ¡Recuérdenlo bien! También es posible que ese bebé venga a corresponder a un favor y que, tras su nacimiento, la situación económica de la familia cambie y esta alcance la riqueza, la posición social y el bienestar; por supuesto, habrá que examinar cada caso concreto. Abortar por este motivo reducirá las bendiciones durante la vida —la salud, la carrera profesional, la fortuna económica y todo lo demás disminuirán— y obligará a descender al Infierno del Bosque de Espadas para sufrir la retribución durante 1000 años. Si quienes lo hacen no están casados, primero deberán ir al Infierno de los Azotes y los Bastonazos y sufrir la retribución durante 500 años. Después, cuando renazcan como seres humanos, todavía deberán pagar las consecuencias kármicas restantes de haber matado. Por ejemplo, las mujeres padecerán enfermedades ginecológicas y los hombres también sufrirán enfermedades del aparato reproductor.

»La tercera es la más común actualmente en el mundo de los vivos. Muchos hombres y mujeres que no están casados recurren al aborto cuando conciben un hijo. Esta conducta acarrea la mayor retribución kármica. Sus bendiciones se reducen durante la vida y, al morir, entran primero en el Infierno de los Azotes y los Bastonazos para sufrir la retribución durante 800 años, y luego en el Infierno del Bosque de Espadas durante 2000 años. La culpa de la mujer que aborta será mayor que la del hombre, porque es ella quien toma la decisión final de abortar; por eso su culpa será algo más grave. Por el contrario, si el hombre quiere que la mujer aborte, pero ella finalmente protege al feto y da a luz, se anotará una mala acción al hombre y un mérito oculto de bondad a la mujer. Si después el hombre se arrepiente, cuida bien del niño y exhorta con empeño a las personas del mundo de los vivos a no abortar, podrá quedar exento del karma negativo de haber incitado a otra persona a abortar. ¿Quieres ir a verlo, Ayu?».

Dije: «¡Sí!». Llegamos muy pronto. Este lugar era distinto del infierno de la conducta sexual indebida. Aquel estaba lleno de pensamientos de lujuria indebida y de sonidos de sufrimiento; aquí, en cambio, se oían llantos y gritos cargados de un profundo resentimiento y dolor. Miré hacia arriba y vi cuatro grandes caracteres que decían: «枉死哭城» («Ciudad del Llanto de las Muertes Injustas»).

¡Oh! ¡Cuántos seres pequeñitos! Estaban apiñados y todos lloraban. ¡Sus llantos eran tan desgarradores! Se me saltaron las lágrimas al verlos. Algunos bebés gritaban y vociferaban; otros parecían una bola de sangre.

El magistrado del inframundo dijo que los médicos los habían dejado así durante el aborto. Había un espíritu de bebé que había sentido tanto miedo que todavía permanecía allí, acurrucado como un ovillo. En realidad, ya podía estirarse, pero seguía aferrado a aquel sufrimiento, sin poder salir de él. Le pregunté al magistrado cuándo podría dejar de sufrir tanto. Me respondió que dependía de si sus padres se arrepentían ante él o realizaban obras meritorias y le dedicaban sus méritos. Había otra que llamaba a su mamá. Le pregunté al magistrado cómo podía llamar a su mamá el espíritu de una bebé que aún no había nacido. Dijo que, si estos bebés hubieran nacido como seres humanos en el mundo de los vivos, habrían tenido que esperar hasta después de cumplir un año para comenzar a aprender a hablar. Pero ahora ya no estaban en el mundo humano: al llegar al infierno existían como entidades espirituales, y estas poseen facultades sobrenaturales y se valen de la intención y del pensamiento. En definitiva, los espíritus de bebés de este lugar daban muchísima lástima; lloraban y gritaban sin cesar. ¡Ay! El Cielo tiene la virtud de amar la vida. No debemos matar cruelmente vidas pequeñas e inocentes por nuestro propio egoísmo.

El magistrado del inframundo me dijo que esta «Ciudad del Llanto de las Muertes Injustas» era de reciente construcción. Mientras hablábamos, seguían entrando espíritus de bebés sin cesar. ¡Eran muchísimos, muchísimos!

En ese momento vi salir volando a un gran grupo de bebés que llevaban una hoja de papel amarillo en la mano. Mientras me preguntaba qué ocurría, el magistrado del inframundo dijo que llevaban una credencial de autorización aprobada por el soberano del inframundo, el rey Yama. Con ella, los agentes espectrales les permitían salir de allí para buscar a sus padres. Por lo general, la mayoría se adhería al cuerpo de la madre y le provocaba malestar físico. El lugar concreto donde se adherían dependía de las preferencias del espíritu del bebé. A algunos les gustaba volver al vientre de su madre y se adherían al útero; otros preferían adherirse a su pecho, y así sucesivamente. Algunos seguían constantemente a su madre o a su padre; otros no dejaban dormir a ninguno de los dos. En definitiva, causaban problemas en cualquier momento. Si nacían otros hijos, los espíritus de bebés alteraban la armonía familiar, por ejemplo, golpeando a sus hermanos y hermanas menores o provocando deliberadamente toda clase de incidentes para expresar su resentimiento contra sus padres.

A la derecha había una ciudad antigua, de hacía 70 años, llamada «Ciudad de la Impureza de Sangre». Ahora esta ciudad ya no tenía capacidad suficiente. Sentí que los espíritus de bebés que se encontraban dentro experimentaban una soledad más intensa. El magistrado del inframundo dijo que todos los espíritus de bebés cuyo aborto no había sido intencionado se alojaban allí. ¡Ah! ¡Así que era eso! No era de extrañar que cada uno llorara a solas.

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