El Emperador Celestial, compadecido, ve que muchos grandes infiernos ya están abarrotados y que es necesario seguir construyendo más. En particular, en los infiernos destinados a la conducta sexual indebida sufren muchos niños de corta edad, porque carecen gravemente de una buena formación moral y de enseñanza sobre la causa y el efecto. ¡Es una gran tragedia para los seres del mundo humano! Por ello, el Emperador Celestial pidió expresamente al Buda que escogiera a un discípulo adecuado del mundo de los vivos, que observara preceptos puros y que visitara los infiernos en pleno estado de vigilia. Después debía regresar al mundo humano y escribir un libro que registrara detalladamente lo que allí ocurre, para comunicárselo a sus habitantes. El libro se titularía La inexorabilidad de las leyes del inframundo. Tras cada visita al infierno, se redacta lo visto en palabras relativamente sencillas; además, cada texto debe corregirse; antes de publicarlo, se debe comprobar que concuerde con la situación real. A veces, para escribir bien un informe, Ayu tiene que ir y volver del infierno varias veces a fin de verificar su contenido. Por eso esto es completamente distinto de los libros de exhortación moral que antes circulaban entre los vivos y se escribían mediante la escritura mediúmnica fuji2 o la posesión, o de los relatos de experiencias sobrenaturales vividas en sueños.
El Emperador Celestial espera que esta ocasión sin precedentes, en la que yo, Shangguan Yuhua, daré a conocer al mundo las condiciones del infierno, sirva para advertir a las personas que cultiven la mente y el carácter y que dejen de quebrantar los preceptos y cometer delitos. Así se reducirán considerablemente sus posibilidades de recibir castigos en el infierno al terminar su vida. Si difunden estas realidades del infierno y ayudan a más personas a despertar, abandonar el mal, volver al camino recto y practicar con empeño el bien para acumular bendiciones, quizá puedan evitar las consecuencias de las causas negativas que antes crearon y que las habrían llevado al infierno; quizá renazcan en un lugar propicio o una mujer obtenga un cuerpo masculino. Por supuesto, los detalles concretos dependerán de lo que determinen los budas y bodhisattvas y la ley de causa y efecto.
En la vida de cada ser hay sin duda peldaños hacia la luz, dispuestos para que los seres sintientes que se arrepientan sinceramente puedan subirlos con paso firme. Así comprenderán que sembrar buenas causas trae buenos frutos y sembrar malas causas trae malas consecuencias. Las consecuencias de los actos siguen a uno como su sombra: si aún no han llegado, es porque todavía no ha llegado su momento.
Hace algún tiempo, el Buda me instruyó a mí, Ayu, para que visitara los infiernos y, al volver, escribiera artículos que ayudaran a todos a comprender la causa y el efecto y a observar los preceptos puros. Quienes aún no los observen deben hacerlo bien; quienes ya los observen necesitan avanzar un paso más, mejorar continuamente y hacer más cosas en beneficio de todos.
Ayu es una discípula budista que ha tomado refugio en las Tres Joyas y observa los cinco preceptos. Me honra que la compasión del Buda me permita intentar cumplir esta tarea. El Sutra de los votos originales de Kṣitigarbha dice: «Si no es por el poder espiritual, tiene que ser por la fuerza del karma». En realidad, sin el apoyo del poder del Buda, Ayu no tendría méritos ni sabiduría suficientes para asumir esta sagrada misión. Pero la apreciaré mucho y haré cuanto esté en mis manos para cumplir lo que el Buda ha dispuesto por compasión.
Hay un dicho: «Quien difunde el Dharma es un bodhisattva; quien protege el Dharma es un buda». En realidad, todos los méritos provienen del Buda. Él ha dispuesto muchísimas cosas y nos ha prestado su apoyo sin que nos demos cuenta. Por eso, todos debemos esforzarnos por observar los preceptos para corresponder a la bondad del Buda y de nuestros maestros.
Escrito respetuosamente por la humilde discípula Shangguan Yuhua
1. Origen de La inexorabilidad de las leyes del inframundo (I): ascenso al Cielo de los Treinta y Tres gracias al poder del Tathāgata3
¡Agradezco el apoyo del poder del Buda! ¡Parto sobre un loto blanco!
¡Amitābha! ¡Yo, Ayu, junto las palmas ante el magistrado del inframundo!