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《阴律无情》

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Ante mis ojos aparecieron los grandes caracteres de color bronce antiguo: «Infierno del Hielo Gélido, la Extracción de la Lengua y la Fragmentación del Cuerpo». La entrada de este infierno tenía un aspecto muy moderno. Al vernos llegar, los yakshas de la entrada se postraron ante el magistrado y abrieron la puerta para dejarnos pasar.

Este infierno era inmenso. Vi a innumerables personas que sufrían sus castigos dentro; a la izquierda, una parte de los espíritus culpables recibía retribuciones casi iguales. En el infierno había muchas computadoras que servían de instrumentos de tortura. Todas estaban automatizadas y disparaban instrumentos de tortura que perseguían a los espíritus culpables. Su precisión era del cien por ciento: jamás dejaban escapar a ningún espíritu. Las paredes y el techo también tenían mecanismos de los que salían volando instrumentos de tortura. Era un infierno moderno. Los yakshas, además de tratar con furia a los espíritus que intentaban esquivarlos, estaban ocupados manejando numerosas computadoras para castigarlos. El sufrimiento de los espíritus culpables era realmente ilimitado: además de enfrentarse a los extremadamente feroces yakshas, tenían que afrontar las implacables computadoras de tortura. En este infierno abundaban los espíritus culpables y las computadoras de tortura, pero había pocos yakshas. ¡Veamos primero a estos dos espíritus junto a la pared! Eran un hombre y una mujer, y ambos recibían la misma retribución.

El espíritu culpable de la mujer había empezado a temblar ligeramente de frío. Con enorme dificultad y movimientos extremadamente lentos, se incorporó del suelo y por fin recuperó el aspecto de una persona normal. En ese mismo instante, un yaksha muy feroz le clavó una lanza en la espalda. La mujer gritó de dolor mientras el yaksha la llevaba ensartada hasta una computadora de escritorio que había al lado. De la pantalla salieron volando al instante dos serpientes, una negra y otra roja. Ambas se abalanzaron ferozmente sobre su boca. La roja le desgarró la boca de un mordisco; la negra le arrancó la lengua de un tirón y la arrojó al suelo. Después, sorprendentemente, volvió a volar con toda precisión hacia el interior de la boca ensangrentada y destrozada del espíritu culpable.

De la computadora también salieron volando hacia el espíritu culpable muchos objetos puntiagudos que parecían cuchillos afilados (nunca he visto objetos de este tipo en el mundo de los vivos) y también parecían clavos. Después de que estos instrumentos de tortura se le clavaran en el cuerpo, la mujer cayó al suelo, desmayada por el dolor extremo. Una vez inconsciente, llegaron además muchos insectos que devoraron su cuerpo. Su sangre salpicaba por todas partes, y los insectos terminaron por absorber también toda la que corría por el suelo. Debido a la fuerza del karma, después el espíritu culpable volvía a despertar y sufría de nuevo este ciclo sin fin.

El espíritu culpable del hombre recibía la misma retribución. A algunos espíritus, los yakshas les golpeaban la boca por ambos lados con barras de hierro provistas de clavos. Tras unos cuantos golpes, la boca quedaba destrozada y sangraba. Después los arrastraban hasta otro tipo de puesto de computadora, donde unos horribles insectos semejantes a ciempiés negros les absorbían toda la sangre de la boca. Al mismo tiempo, los insectos les devoraban lentamente la lengua. A continuación salían volando agujas que les cosían la boca. A otros, los yakshas los enganchaban por la boca y la cabeza y los arrastraban hasta los puestos de computadora, mientras la sangre corría abundantemente sin cesar.

Ahora veía a una mujer, un espíritu culpable sujeto por un gancho, que gritaba de dolor. La computadora estaba colgada en la pared y emitía sonidos aterradores, extremadamente desagradables. De ella salían volando pequeños objetos puntiagudos de color rojo encendido. En cuanto estos objetos tocaban la boca del espíritu culpable, se oía un «sss, sss, sss» y la boca se derretía de inmediato. ¡Ay! ¡Qué horror, qué sufrimiento tan grande! ¡Qué espanto!

En ese momento, el magistrado ordenó a uno de los yakshas encargados de ejecutar los castigos que se acercara y explicara qué faltas habían cometido los espíritus culpables para caer en el Infierno del Hielo Gélido, la Extracción de la Lengua y la Fragmentación del Cuerpo y ser castigados allí.

El yaksha suavizó su expresión feroz y me dijo: «Ayu, el espíritu de aquella mujer que acaba de ver corresponde a alguien que, por celos, en vida mintió para difamar a un practicante que observaba los preceptos con pureza. Lo hizo con la intención de impedir que este practicante difundiera el Dharma correcto. Muchas personas creyeron sus mentiras y perdieron su convicción fundamental de estudiar el budismo, hacer el bien y observar los preceptos. Precisamente por estas mentiras, al terminar su vida cayó en este infierno para recibir castigo. El rey Yama, soberano del inframundo, sumamente enfurecido, la condenó a permanecer aquí durante un kalpa51. Cuando cumpla su condena en este infierno, todavía tendrá que ir a otros para seguir recibiendo su retribución.

»En cuanto al espíritu de aquel hombre, en vida se dedicaba al negocio de la publicidad médica. Mediante mentiras ganó mucho dinero sin escrúpulos en poco tiempo. Muchas personas del mundo de los vivos creyeron sus anuncios engañosos y sufrieron daños en diversas funciones de sus órganos internos. En los casos menos graves, quedaron con trastornos crónicos de funcionamiento de los órganos internos de por vida; en los más graves, sus funciones corporales se deterioraron drásticamente en poco tiempo, e incluso murieron. Sin embargo, esas personas nunca pensaron que hubieran sido engañadas por su publicidad médica. Las autoridades del inframundo redujeron las bendiciones y la duración de la vida de aquel hombre. Sufrió un accidente de tránsito y cayó antes de tiempo en el infierno para recibir castigo.

»Todos los que caen en este infierno mintieron en vida: difamaron con mentiras a quienes difundían el Dharma correcto; mintieron con mala intención y perjudicaron la vida o los bienes de otros; incitaron con mentiras a otras personas a cometer diversas infracciones de los preceptos; vendieron mediante mentiras toda clase de artículos perjudiciales para el cuerpo y la mente de los vivos; o engañaron a otros para arrebatarles sus bienes, su castidad y demás. Todos estos son actos de mal karma. Aquí hay muchísimos casos de espíritus culpables de mentir y no se pueden enumerar uno por uno. Lo que acabo de mencionar son solo las faltas que actualmente llevan con mayor frecuencia a caer en este infierno».

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