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《阴律无情》

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«Magistrado del inframundo, quisiera preguntarle: si una persona del mundo de los vivos se expresa de forma sumamente ofensiva, emplea toda clase de palabras que hieren la dignidad de los demás y los insulta con ira; si los padres golpean y reprenden a sus hijos, o los cónyuges discuten sin dar tregua al otro con sus palabras y se maldicen con expresiones crueles, ¿por estas conductas han de caer en el infierno y recibir un castigo?».

El magistrado del inframundo respondió: «Cuando alguien profiere con frecuencia palabras crueles, alberga ira, no da tregua a nadie y emplea expresiones maliciosas para herir e insultar, todo eso se considera lenguaje injurioso. Por ejemplo, llamar bestia a alguien, decirle que se muera, maldecirlo para que no tenga hijos ni descendencia o para que muera sin un lugar donde ser enterrado, e incluso lanzar maldiciones contra aquello que esa persona más valora. Supongamos que un hombre desea con todas sus fuerzas tener un hijo varón, pero en esta vida su esposa ya no puede procrear y solo tienen cinco hijas. Quien incurre en lenguaje injurioso lo ataca deliberadamente con palabras crueles como: “¡Que te quedes sin hijos varones ni descendencia! ¡Tienes dinero y casa, pero no habrá nadie que viva en ella; que la habiten los fantasmas!”, y otras por el estilo. En el caso menos grave, esto le amarga el ánimo; en el más grave, provoca discordia familiar e incluso lo lleva a mantener una relación extramatrimonial y a buscar otra pareja con quien tener un hijo varón. Si ninguna familia logra vivir en armonía, se producirá agitación en la sociedad. En la actualidad, muchas personas del mundo de los vivos, al incurrir en lenguaje injurioso, hacen que otros no sepan dónde esconderse de vergüenza, se avergüencen de su propia vida e incluso lleguen a quitársela. Todas las palabras groseras y crueles que dañan el cuerpo, la mente y el espíritu de una persona del mundo de los vivos constituyen lenguaje injurioso, sobre todo las expresiones de extrema malicia.

»Quien incurre en lenguaje injurioso ha de caer en el infierno para recibir castigo. El lenguaje injurioso forma un círculo vicioso de malos hábitos. Va de la mano de la codicia, la ira y la ignorancia. Todos los que incurren en él tienen en común la ira; lo que varía es la profundidad de la malicia y del karma de cada uno. Basta con dirigir una sola expresión injuriosa a un ser santo que haya practicado y alcanzado un fruto de realización espiritual para que una persona del mundo de los vivos caiga en el infierno y padezca sufrimientos de toda clase, inconmensurables e ilimitados. Incluso después de agotar la retribución en el infierno, seguirá transmigrando por el reino animal y soportará todos sus sufrimientos; cuando renazca de nuevo como ser humano, ocupará también una condición humilde y despreciada, hasta que se extinga por completo la retribución residual de su lenguaje injurioso. Durante este largo período en que madura esa retribución kármica, el sufrimiento excesivo facilita además la generación de nuevo karma, y así el sufrimiento se vuelve aún más interminable. A menos que encuentre la guía de un auténtico buen maestro espiritual, se decida a corregir sus distintas conductas erróneas y haga el bien y acumule virtud, no contará con las condiciones favorables para ser liberado y salir del mar del sufrimiento. De lo contrario, ¡ese mar no tendrá límites y seguirá hundido en él durante diez mil kalpas52!

»Muchos de quienes caen en el infierno para recibir castigo fueron en vida cónyuges, amigos, compañeros de trabajo, padres, hermanos y hermanas que, al relacionarse, incurrieron en lenguaje injurioso unos contra otros. Entre los cónyuges es donde esto ocurre más y donde resulta más fácil incurrir en ello; la proporción de mujeres es algo mayor. Por eso, yo, el magistrado, aconsejo aquí a todas las mujeres que cuiden bien su karma del habla. Muchas mujeres, debido al peso de su propio karma oscuro y arrastradas por el karma oscuro del pasado, encuentran en la vida toda clase de dificultades físicas y mentales. Algunas, cada mes, cuando sufren las molestias de su ciclo menstrual, inevitablemente profieren toda clase de expresiones injuriosas que hieren a quienes las rodean.

»El ser humano tiene por hábito contemplar las cosas desde el punto de vista de su propio interés. En cuanto algo sale un poco mal, tiende a quejarse de que ninguna de las personas ni de las cosas que lo rodean, ni el cielo, la tierra o el entorno, lo favorece. Nunca es él quien se equivoca. Así, deja que su mal humor surja y fluctúe de un instante a otro, y termina hiriendo a los demás con toda clase de palabras injuriosas.

»Para evitar el lenguaje injurioso, lo primero es mantener la mente serena y estable. Para conservar esa serenidad y estabilidad, primero hay que examinarse a uno mismo y preguntarse a cada momento si ha hecho algo mal o ha empleado palabras inadecuadas. En estos tiempos de agitación y de malas costumbres sociales en el mundo de los vivos, es realmente difícil mantener la mente serena y estable: hay demasiadas tentaciones externas y obstáculos de toda clase. Pero, por difícil que sea, también tenemos que superarlos. Si no los superamos e incurrimos en toda clase de palabras injuriosas, al terminar nuestra vida caeremos en el infierno; quienes sufriremos seremos nosotros mismos, no los demás.

»Cuando el compasivo Buda vivía en este mundo, ya previó los distintos obstáculos que impedirían a los seres salir del mar del sufrimiento en la era del declive del Dharma. Como a las personas les resultaría muy difícil suscitar la atención correcta y practicar el camino, transmitió expresamente el método de recitar el nombre del Buda para que les fuera más fácil alcanzar la liberación. Basta con esa sencilla recitación: recitar sin cesar el nombre del Buda cada día y seguir una alimentación vegetariana, confiando en la bendición y el amparo de su poder para que nos transforme de manera gradual e imperceptible. Así se purifican poco a poco nuestro cuerpo y nuestra mente, se mantiene la calma de nuestros pensamientos cada día y se transforman al instante los pensamientos ilusorios negativos habituales en el pensamiento virtuoso de recitar el nombre del Buda. A partir de ese pensamiento virtuoso se forma un buen hábito, que sustituye después nuestros diversos malos hábitos del pasado. De este modo, también nuestro destino irá cambiando poco a poco, nuestro porvenir avanzará gradualmente hacia la luz y recuperaremos la luminosidad espiritual con la que nacimos.

»La luz que emana del cuerpo de quien incurre en lenguaje injurioso se volverá, como mínimo, roja. En los casos más graves pasará del rojo al rojo oscuro; si la persona sigue sin arrepentirse y continúa profiriendo injurias, irá pasando del rojo oscuro al negro. El negro ya indica una situación muy grave y atraerá toda clase de sucesos adversos. Quienes tienen una luz corporal roja ya mantienen malas relaciones con los demás, se sienten abatidos y se irritan con facilidad. Los seres cuya luz corporal es rojo oscuro son los que más fácilmente atraen la proximidad de seres del reino de los fantasmas. Estos albergan mucho odio y son muy propensos a la ira. En cuanto una persona del mundo de los vivos se enfada, un fantasma irascible acudirá volando de inmediato en respuesta a esa llamada. A él se suman ciertos acreedores kármicos del mundo espiritual, vinculados por agravios o afectos, que rodean a esa persona —todos tenemos algunos cerca; solo varía su número—, y avivan el fuego junto a ella. Basta con que te enfades para que ese fantasma irascible te incite a enfadarte más, a hablar de forma más ofensiva, mordaz y cruel, hasta que, sin poder evitarlo, las llamas de la ira nacida de la ignorancia se alcen tres mil zhang53. Entonces el karma del lenguaje injurioso se desata y se vuelve incontrolable».

«¡Gracias, magistrado del inframundo! Lo ha explicado maravillosamente. Por fin se aclara lo que me sucedía antes de empezar a estudiar y practicar el budismo: no me llevaba muy bien con mi familia; siempre me insultaban y me controlaban sin que yo entendiera por qué. Cada vez, mi familiar se volvía de pronto muy cruel y me daba muchísimo miedo. Ese miedo solo empezó a disiparse poco a poco después de que comencé a estudiar y practicar el budismo».

El magistrado del inframundo dijo: «Sí, Ayu. Una parte de su situación se debe a lo que acabo de explicar; otra parte se debe a que esa familiar suya renació aquí procedente del reino de los demonios. En esta vida tiene un único objetivo: obstaculizar su práctica e impedir que trabaje para preservar el Dharma correcto. Usted debe responder al rencor con virtud, practicar con diligencia y observar los preceptos con pureza para transformarla poco a poco con su ejemplo. Cuando su comportamiento sea demasiado violento, puede apartarse de ella cuando convenga. Precisamente esas distintas conductas violentas han contribuido, sin que se note, a forjar en usted, Ayu, una firmeza de carácter distinta de la del común de la gente. Aun así, debe agradecerle que ponga a prueba continuamente la firmeza de su práctica, para ver si, en medio de las dificultades, es capaz de mantener ese firme bodhicitta que aspira a liberarse del nacimiento y la muerte».

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