Desde muy pequeña, Ayu oyó continuamente a su abuela decir cuán justo era el Rey Yama y que lo sabía todo. Ayu quisiera preguntar: ¿por qué el soberano Rey Yama del inframundo, máxima autoridad de este mundo, ejerce como Rey Yama en los infiernos?
El Dios de la Ciudad: «Ayu, bienvenida al inframundo para realizar sus entrevistas. Todos nosotros apoyamos también con todas nuestras fuerzas la publicación de La inexorabilidad de las leyes del inframundo. Ningún ser ni acontecimiento se aparta de las causas, las condiciones y sus frutos. En una vida pasada, su abuela y usted mantuvieron un vínculo de madre e hija. En aquella vida, su abuela se burló de que usted rindiera culto al Buda; por fortuna, solo se burló y no realizó otros actos para impedírselo. Cuando maduró el karma de haber ridiculizado la práctica budista de Ayu, en esta vida su abuela tenía la espalda encorvada y fue oprimida, golpeada e insultada por sus familiares. Afortunadamente, al afrontar en esta vida todas las adversidades y presiones de la convivencia familiar, no generó ira ni agravó su karma oscuro. Como aceptó las dificultades que le llegaron y las soportó, además de consumir conforme a las circunstancias su antiguo karma, acumuló bendiciones que en el futuro le permitirán ascender a los cielos».
«Cada ser sintiente crea por sí mismo su vida futura. Nadie se aparta de tres clases de karma: el bueno, el malo y el indeterminado. Por ejemplo, tres personas compran al mismo tiempo el mismo modelo de ropa negra. La persona A la compra para regalársela a un vecino pobre; el negro disimula la suciedad, no hace falta lavarla con frecuencia y resulta práctico. A está practicando buen karma y en el futuro atraerá una retribución favorable. B piensa comprarla porque le facilitará robar cosas por la noche. B está practicando mal karma y en el futuro atraerá una retribución adversa. C no tiene nada que hacer; le da igual comprarla o no, y la compra simplemente porque el dueño se lo indica. C está practicando karma indeterminado y en el futuro atraerá una retribución correspondiente a ese karma. Si predomina el buen karma, el fruto será renacer entre seres humanos o celestiales; si predomina el malo, se caerá en los reinos de los infiernos, los fantasmas hambrientos o los animales; si predomina el karma indeterminado, en la mayoría de los casos se entrará en los reinos humano o de los fantasmas, es decir, no se habrá salido de los tres reinos61. Para salir de ellos, liberarse del nacimiento y la muerte y alcanzar para siempre la gran liberación, es imprescindible observar los preceptos, recitar el nombre del Buda, practicar la virtud oculta y toda clase de buenas acciones, generar una gran bodhicitta y formular buenos votos: aspirar al insuperable Camino del Buda y guiar espiritualmente a todos los seres que sufren. Los votos deben ser puros, sin ningún pensamiento egoísta ni idea dispersa. Si contienen aunque sea una mínima mezcla de egoísmo o pensamientos desordenados, en el futuro uno tendrá que soportar también el fruto correspondiente a esa pequeña impureza».
«En cuanto a por qué el soberano Rey Yama del inframundo llegó a ser su máxima autoridad: en una vida pasada fue, en el mundo humano, un gran general de rectitud imponente. Mandaba grandes ejércitos. Durante una batalla, el enemigo empleó un plan traicionero y astuto, y el general, pese a su integridad, fue derrotado por completo. Extremadamente afligido, juró al Cielo: “Ahora no tengo más remedio que aceptar esta gran derrota. Si en el futuro tengo la oportunidad, sin falta me vengaré y castigaré severamente a todos los delincuentes que infringen la ley y actúan con engaño y astucia. Haré que se arrepientan sinceramente, corrijan sus faltas y vuelvan a ser buenas personas”».
«Los soldados que seguían al gran general se sumaron también a él y formularon juntos el voto de castigar severamente a todos los delincuentes que infringieran la ley y actuaran con engaño y astucia. Cuando el general, sumido en una tristeza extrema, formuló ese juramento, albergaba resentimiento contra sí mismo por no haberse prevenido suficientemente y haber causado la gran derrota de las fuerzas de sus subordinados. Resentirse consigo mismo pertenece a una forma de la aflicción de la ira; por ello, aquel buen voto estaba mezclado con el mal voto de vengarse. Precisamente por haber formulado ese juramento, el gran general llegó a ser el soberano Rey Yama del inframundo».
En la actualidad, el soberano Rey Yama del inframundo debe sufrir allí, tres veces al día —por la mañana, al mediodía y por la noche—, el tormento de que le viertan arena ardiente por la garganta durante quince minutos cada vez. Cada día, cuando llega la hora del castigo, los dos yakshas encargados de castigarlo lo sujetan juntos. Uno le inmoviliza la cabeza y el otro saca arena de hierro al rojo vivo y se la vierte sin cesar por la garganta. El soberano se desmaya por ello, y luego el viento kármico lo despierta. Una vez despierto, los dos yakshas vuelven a sujetarlo y repiten el vertido de arena de hierro candente. Así padece el castigo en un ciclo continuo durante quince minutos. Al cumplirse ese tiempo, recobra el conocimiento de manera automática y todo vuelve a la normalidad.
El sufrimiento de recibir arena de hierro al rojo vivo por la garganta es la retribución del voto de venganza que formuló en el pasado. Todos los días, en el mundo de los vivos, hay personas que formulan malos votos, grandes o pequeños. En cuanto alguien formula uno, la luz de su cuerpo se oscurece de inmediato, y el campo magnético negativo de ese mal voto lo ata estrechamente, vida tras vida.
Si la luz corporal innata de una persona resulta dañada, su vida se llenará de obstáculos y padecerá muchas más dificultades, a menos que se arrepienta a tiempo, sincera y puramente, y no vuelva a cometer la falta jamás. Si, antes de que madure la retribución de su mal voto, sus buenas acciones pesan menos que las malas y nunca encuentra las condiciones para recibir la guía de un buen maestro espiritual que lo conduzca al arrepentimiento, su vida quedará trabada por el campo magnético negativo del voto hasta que madure el mal fruto; entonces habrá sufrimientos inconmensurables.
Espero que Ayu termine pronto este texto y diga al público que no formule malos votos en ningún momento. Quienes ya los hayan formulado deben arrepentirse cuanto antes. Los buenos votos, en cambio, pueden formularse sin límite; hay que llevarlos a la práctica y esforzarse por cumplirlos.
Actualmente, en el mundo de los vivos hay demasiadas personas que infringen los preceptos y muy pocas que los observan. El gran campo magnético colectivo es deficiente, y este es también uno de los factores importantes que hacen que los pensamientos de las personas se desvíen con facilidad hacia lo incorrecto.