Le pregunté al magistrado del inframundo: «¿Podría hoy presenciar cómo Kṣitigarbha alivia el sufrimiento en los infiernos?».
El magistrado del inframundo dijo: «Kṣitigarbha tiene muchas emanaciones que alivian el sufrimiento en distintos infiernos, grandes y pequeños. ¿Qué infierno te gustaría visitar, Ayu?».
«En el mundo humano he oído decir que Kṣitigarbha tiene tres manifestaciones: una en el infierno, otra en el mundo humano y otra en el cielo. ¿Es así?».
El magistrado del inframundo dijo: «Kṣitigarbha es un gran bodhisattva que formuló el vasto voto: “Mientras los infiernos no estén vacíos, juro no alcanzar la budeidad”. Aunque los infiernos aún no están vacíos, en realidad sus méritos y virtudes ya han llegado a la plenitud. El bodhisattva no solo rescata a los seres de los infiernos, del mundo humano y de los reinos celestiales; también envía emanaciones a los infiernos de otros mundos para rescatar a los seres que sufren allí. Esos otros infiernos también deben quedar vacíos mediante su rescate. El bodhisattva también envía emanaciones para rescatar a los seres de otros tiempos y espacios. Sus emanaciones no se limitan a tres: se cuentan por cientos, miles, decenas de miles y cientos de millones, y cada una va a distintos mundos para rescatar a todos los seres sintientes. Kṣitigarbha tiene una afinidad especial con los seres del mundo humano, pues la mayoría de quienes caen en el infierno proceden de ese mundo. Por eso debemos agradecer sus compasivas enseñanzas.
»En el mundo humano hay muchas manifestaciones de Kṣitigarbha. Algunas acaban de nacer y aún no tienen tres años; otras todavía están estudiando y otras ya son adultas. En el futuro trabajarán silenciosamente para dar continuidad a la vida de sabiduría de los budas y guiarán hacia la liberación a todos los seres sintientes según las condiciones que se presenten. Algunas manifestaciones de Kṣitigarbha pasan toda su vida rescatando a los seres con discreción, sin que nadie lo sepa; otras establecerán centros de práctica para difundir el Dharma correcto. Sea cual sea el caso, todo responde a la disposición invisible del bodhisattva.
»Es posible que junto a nosotros haya una manifestación de Kṣitigarbha que, mediante su influencia sutil y su propio ejemplo, nos enseñe silenciosamente a corregir nuestros defectos de carácter. Pero no somos capaces de reconocer al bodhisattva y creemos que es una persona corriente; el bodhisattva tampoco revelará su identidad. Debemos aprender de Kṣitigarbha a tener aspiraciones vastas. El bodhisattva hizo el voto de rescatar a los seres y, a partir de ese voto, emprendió la acción. Por eso su corazón abarca las diez direcciones y sus votos abarcan también todo el espacio y el reino del Dharma de las diez direcciones. Sus votos son tales que, aunque el espacio llegara a su fin, ellos no terminarían. Por ejemplo, si hacemos una vez el voto de dar limosna a los mendigos, el voto se formula una sola vez, pero los actos de dar son innumerables y continúan vida tras vida. En tu corazón permanecerá, vida tras vida, la semilla de dar a los mendigos. El voto es uno; las acciones son muchas. Si una sola vez ves a un mendigo y no le das nada, habrás contravenido la fuerza de tu voto. Debemos aprender de Kṣitigarbha a formular el buen voto de rescatar a los seres. El bodhisattva cumple sus votos en cada pensamiento. Si en cada pensamiento se ponen en práctica los votos, se alcanzan realizaciones una y otra vez; esas realizaciones sucesivas generan poderes sobrenaturales. Cuantos más seres se rescatan, mayores son esos poderes y mayor también la fuerza de las bendiciones y la virtud. Cuando se rescata a los seres sin interrupción, pensamiento tras pensamiento, los poderes sobrenaturales se vuelven inconmensurables e ilimitados. Con esa fuerza sobrenatural inconmensurable e ilimitada se pueden emanar cuerpos inconmensurables e ilimitados e ir a mundos inconmensurables e ilimitados para rescatar a los seres.
»En nuestros infiernos hay aún más manifestaciones de Kṣitigarbha. La vez pasada visitaste el Salón Mingguang Chuzhuan de Asambleas del Dharma. Kṣitigarbha enseña el Dharma en el infierno tres veces al día: por la mañana, al mediodía y por la noche. Cuando los espíritus culpables escuchan el Dharma, brotan sus raíces de bondad y, gracias a ese brote, nace el arrepentimiento en su corazón. En cuanto se arrepienten, Kṣitigarbha los saca del infierno. En ciertos casos, si los espíritus culpables tienen suficientes bendiciones, Kṣitigarbha emana una manifestación que permanece junto a ellos para guiarlos hacia la liberación. Este es uno de los métodos con los que rescata a los seres en el infierno, y cada día logra sacar de allí a innumerables espíritus culpables. Si los seres que sufren en el infierno no recibieran el rescate de Kṣitigarbha, quién sabe cuántas veces se multiplicaría su número.
»Otra forma consiste en que Kṣitigarbha también dispone el rescate de los familiares difuntos según el grado de devoción filial de sus descendientes. Es decir, cuando los descendientes recitan el Sutra de Kṣitigarbha en el mundo de los vivos, invocan el nombre de Kṣitigarbha, rinden homenaje al Buda, se postran ante él, le hacen ofrendas, liberan animales, imprimen sutras budistas y libros de exhortación moral para guiar a las personas, socorren a huérfanos, viudas y pobres, y realizan toda clase de acciones que encaminan a otros hacia el bien y acumulan virtud, si dedican la fuerza de esos méritos a sus antepasados que están en el infierno, el bodhisattva dispone el rescate de esos espíritus culpables para sacarlos de allí.
»Kṣitigarbha también observa si en el propio espíritu culpable concurren las causas y condiciones necesarias para su rescate. Algunos espíritus culpables no tienen familiares ni descendientes que hagan el bien para ayudarlos a alcanzar la liberación, pero poseen ciertas raíces de bondad, bendiciones, virtud y vínculos favorables de vidas anteriores. Por ejemplo, hay muchos monásticos que, aunque quebrantaron los preceptos y cayeron en el infierno, también tuvieron épocas en las que observaron los preceptos con pureza e hicieron el bien. Otros, en una vida anterior, contemplaron reverentemente a Kṣitigarbha por un instante, escucharon con la mente serena por un breve momento, incluso sin especial intención, o recitaron su santo nombre. El bodhisattva acude sin que se lo pidan a guiar hacia la liberación a todos esos seres».
Dije: «¡Entonces vayamos hoy a visitar el infierno Avīci, cuyo nombre infunde temor a todos! Me pregunto si Kṣitigarbha irá hoy al infierno Avīci».